La escala describe cómo se reparte el trabajo en una tarea educativa: no mide la calidad, el esfuerzo ni el aprendizaje. Los niveles no son acumulativos y un nivel más alto, o más bajo, no es mejor.
La persona crea.
No se usa IA generativa en ninguna etapa: el contenido, las ideas y la estructura son de la persona. Buscar en Internet o usar una herramienta digital no cuenta por sí solo como IA generativa.
La persona crea, la IA reformula.
La IA reexpresa material que ya existe. No aporta ideas, análisis ni conclusiones: el contenido sigue siendo íntegramente de la persona.
La persona crea, la IA planifica.
La IA sugiere ideas, enfoques o una estructura para preparar el trabajo. La persona desarrolla y redacta después todo el contenido final.
La IA crea un borrador, la persona construye.
La IA genera contenido nuevo que sirve de punto de partida y la persona lo reconstruye de forma significativa: reescribe, reorganiza y aporta lo suyo. El flujo va en una sola dirección.
La persona y la IA cocrean.
Diálogo en las dos direcciones: ambas partes desarrollan el contenido mientras se elabora. La persona dirige, contrasta y valida. La idea inicial puede ser enteramente humana.
La IA crea, la persona supervisa.
La IA elabora el producto final a partir de los parámetros que recibe. La persona revisa la calidad y lo valida antes de usarlo, sin reconstruir su contenido.
Primero se delimita qué tarea o componente se clasifica y quién la realiza. Generar un texto para analizarlo y elaborar su análisis son procesos distintos. También pueden distinguirse el texto, las imágenes o el código de un mismo proyecto cuando su elaboración sigue procesos diferentes. Se distinguen unidades con una función reconocible en el trabajo, y se hace explícita su relación con el conjunto.
El nivel se determina por la contribución de la IA y el papel de la persona en el desarrollo del resultado, considerando el proceso completo. No queda fijado por la primera petición ni por el origen de la idea. Una actividad puede comenzar como reformulación de nivel 1 y convertirse en cocreación de nivel 4. Del mismo modo, un texto generado autónomamente puede acabar siendo un borrador que la persona reconstruye significativamente, dando lugar a un proceso de nivel 3. La clasificación provisional puede cambiar al conocer el trabajo posterior.
En los procesos mixtos conviene indicar los niveles por fases o componentes. Por ejemplo, «nivel 2 en la planificación y nivel 1 en la reformulación de un desarrollo humano», o «texto sin IA e ilustración de nivel 5». Si se necesita una sola cifra, se indica el nivel que caracteriza el desarrollo del producto principal, acompañado de las diferencias relevantes. Cuando ningún nivel lo describe suficientemente, se declara el proceso mixto y se especifican los niveles que intervienen.
No se asigna automáticamente el nivel más alto de cualquier interacción. Para valorar una aportación se observa su función, su alcance y cómo se incorpora o transforma. Una aportación sustantiva modifica el contenido, el razonamiento, la organización conceptual o el funcionamiento del producto. Puede ser breve y decisiva, como una distinción que cambia la conclusión. Su importancia no basta para determinar el nivel: también cuenta si la persona la desarrolla, la reconstruye, cocrea con la IA o la acepta tras supervisarla.
Una respuesta descartada sin influencia en el trabajo no obliga a elevar el nivel del producto. Conviene registrar la consulta; no sería correcto afirmar que no se utilizó IA en ninguna etapa. Tampoco basta con comprobar si se copió una respuesta: una sugerencia puede influir en un argumento aunque se exprese después con otras palabras. Las correcciones de estilo siguen siendo nivel 1, incluso cuando mejoran mucho la claridad.